
Hay una diferencia entre entregarle un sueño a Dios y abandonarlo por cansancio. La falsa humildad es el orgullo disfrazado: soltamos la petición para dejar de sentirnos mal y le llamamos "morir a uno mismo". En este mensaje, desde Hebreos 10 y la historia de Ana en 1 Samuel, hablamos de cómo saber si lo que estás pidiendo es de Dios y por qué no debes dejar de pedir.