Hay heridas que no solo duelen. Enseñan. Le enseñan al corazón que abrirse es peligroso. Que confiar tiene un costo. Que es más seguro mantener distancia. Hoy, Día 2 de la Novena de Pentecostés descubrimos cómo el Espíritu Santo sana exactamente eso. Y cómo un corazón que aprendió a cerrarse puede aprender a abrirse de nuevo.
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